lunes, 4 de noviembre de 2019

ANTOLOGÍA DE LA POESÍA ORAL-TRAUMÁTICA Y LUNAR DE LIUDMMILA QUINCOSES
































Fredo Arias de la Canal


El compendio de la obra poética de la escritora cubana Liudmila Quincoses que desde México nos presenta Fredo Arias de la Canal, amén de conformar un estudio en el que se remarcan los signos del subconsciente de la autora, que el compilador se ha encargado de hacer, da pie para adentrarse en la creación de una poesía vivificante, como la que practica Liudmila, y que desde el horizonte literario comienza a elevarse hasta lograr un posicionamiento en los lugares más anhelados del Parnaso de las letras hispanoamericanas.

Como toda obra que desde el principio invita a recorrer los caminos en que se ha desenvuelto la palabra, ya por su presentación con una delicada imagen de la autora en su carátula, dentro del armónico diseño del título, su compilador y el sello editorial del FRENTE DE AFIRMACIÓN HISPANISTA, A.C. México 2017, accedemos a un prólogo que no es ni más ni menos, que un enjundioso estudio de Fredo Arias de la Canal, entroncado en sus trabajos sobre Nietzsche, haciendo prolijas referencias de lo que Liudmila Quincoses emparenta su obra con aquel pensador, con Freud, trayendo asimismo a colación sus propios estudios publicados en la revista Norte N° 388, para apoyar sus aseveraciones en el pensamiento de la uruguaya Juana de Ibarbourou, continuando con Alfonsina Storni, luego Delmira Agustini y lo finaliza diciendo que este prólogo fue tomado de Antología Cósmica de Ocho Poetas Cubanas: Amelia del Castillo, Carilda Oliver Labra, Ana Rosa Núñez, Lalita Curbelo Barberán, Juana Rosa Pita, Zoelia Frómeta Machado, Iliana Álvarez González y la propia Liudmila Quincoses Clavelo.

Dicho lo precedente, encontramos la explicación de los capítulos en que el responsable del armado de libro de Quincoses, ha dividido la obra de la poeta cubana. I – Oral-Traumáticos, II – Lunares, III – Oral-Traumáticos Lunares.

En más, comenzamos a desovillar el altísimo vocabulario de Liudmila que con toda libertad de conciencia, nos va mostrando rasgo a rasgo su yo interior, su metafórica forma de hacernos ver su entorno para que entendamos cada uno de sus gritos interiores que provienen precisamente de las acciones externas que van transformando grado a grado su sentir y, por ende, su decir.

Pudiera decirse que nada tiene de figurativo hablar de un intangible sufrimiento de su corazón, sin embargo, la autora nos pinta con tanta firmeza, con tanta precisión los avatares de su lucha, que es como si estuviéramos viendo la pintura de su alma atravesada por esos “alfileres de cobre en mi corazón”, como nos dice.

Sus dos poemas “Grabados de sangre y luna”, no dejan lugar a dudas y redondean la idea tanática de esta parte de la obra, que sin descontextualizarse del resto, nos habrá de introducir en la búsqueda que Liudmila Quincoses se encuentra ocupada, para conseguir esa luz que destierre en los mañanas, esa medianoche que afirma proviene de sus ayeres.

De a poco su palabra llama a la claridad, como anhela su espíritu, y la luz avanza a su encuentro. Lunas, oro, talismán brillante nos van dando esa pauta.

Un narrador inconsciente le hace utilizar la voz masculina, como si quisiera transferir a un tercero lo que brota de sus sentires, como puede observarse en “Poemas en el último sendero”, todo ello en un excelente juego creacional de personalidades.

Lo mitológico, bíblico también, ocupa su palabra, y es posible que esté buscando transmitirse a sí misma la explicación de ignotas epopeyas, de lo que dan cuenta sus poemas “Mensaje a Tiatira”, “Mensaje a Esmirna” con un aproximamiento a las deidades y reminiscencias de un Lot que al huir deja una estatua en el camino.

Finaliza la autora con un compendio interrelacionado en el punto III, en el que navega desde lo onírico a lo vivido, en las menciones de lugares y relación con elementos que tienen alguna incidencia en sus vivencias.

No ha dejado, por ello, de ser fiel a su línea de creación, cuando retoma los poemas “Grabados de Sangre y Luna”, siendo la mención del astro una constante con la que logra hermanar la obra que nos ha entregado. Aún en el último poema, “Estoy en un Grabado de Durero”, Liudmila Quincoses reitera los elementos preponderantes que ha venido utilizando, y que, permaneciendo en su tema tanático, le pone como pie “Los territorios de la muerte”.



Por Jerónimo Castillo
San Luis – Argentina - 2017

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